{"id":151,"date":"1999-08-27T02:50:46","date_gmt":"1999-08-27T07:50:46","guid":{"rendered":"http:\/\/yokim.net\/wp\/a\/151\/"},"modified":"1999-08-27T02:50:46","modified_gmt":"1999-08-27T07:50:46","slug":"de-la-inspiracin-verdadera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/yokim.net\/es\/151","title":{"rendered":"De la inspiraci\u00f3n verdadera"},"content":{"rendered":"<p>La mansi\u00f3n estaba ah\u00ed, con todas sus ventanas sin vidrio, sus paredes de madera deshechos a medias, techo rojo y la vegetaci\u00f3n salvaje rode\u00e1ndola por todos lados, como si quisiesen acabar con lo poco de lo humano que en aquel rinc\u00f3n del \u00e1rea en demolici\u00f3n quedaba.<\/p>\n<p>El estudiante lo observaba con ma\u00f1a y agudeza. Una camioneta blanca cruz\u00f3 por enfrente suyo, priv\u00e1ndolo del objeto de sus cuidadosas miradas por un breve espacio de tiempo. Estaba sentado en el c\u00e9sped, sobre la parka que hab\u00eda puesto cuando comenz\u00f3 a sentir las primeras oleadas de fr\u00edo. A esa hora el tr\u00e1fico sol\u00eda concentrarse m\u00e1s a su espalda, pero aquello no ocurri\u00f3. Los sem\u00e1foros, seguramente. Su compa\u00f1ero estaba tambi\u00e9n a su lado, tratando por su parte de concentrar su atenci\u00f3n a la triste construcci\u00f3n ? no pod\u00eda, por supuesto. Las tersas piernas de las colegialas de camisa verde que aparec\u00edan de vez en cuando por el lado de Inglaterra resultaron ser mucho m\u00e1s interesantes; era natural, era su edad.<\/p>\n<p><!--more-->Un pajarillo de apariencia desconocida vino a entrometerse sobre el ventanal a medio colgar. No se sent\u00eda ni una brisa, el viento soplaba por el noroeste y las paredes de concreto imped\u00edan todo movimiento e\u00f3lico bajo los dos metros. Personas vestidas de negro, azul oscuro, gris y caf\u00e9 pardo pasaban por las veredas. Era una tarde despejada de invierno, y algunas nubes adornaban el cielo profundo con peque\u00f1as manchas de blanco al esfumado.<\/p>\n<p>El estudiante tomaba finalmente su l\u00e1piz y cuaderno. Mirando alternadamente la casa y la blanca hoja, arrastraba su 4B con lentitud exasperante. \u00c9sa era la casa de sus sue\u00f1os. Hab\u00eda disfrutado del crujir de los maderos en las lluvias tempestuosas, tan solo hace unas semanas. Cu\u00e1nto se hab\u00eda maravillado viendo que la luz lunar puede dar espect\u00e1culos comparables a los l\u00e1ser-show de d\u00edsniland.<\/p>\n<p>La siete, con sus franjas violeta y blanca dej\u00f3 s\u00f3lo su difusa imagen y el eco del motor como recuerdo de su presencia. Eran las cinco ? ven\u00eda bastante cargada, pero no atestada a\u00fan.<\/p>\n<p>Era una tarde cualquiera, era tan solo el 26 de agosto, un jueves m\u00e1s tras terminar la aburrida hora de f\u00edsica elemental. No. No pod\u00eda aceptar que algo fuera de lo com\u00fan lo hubiese impulsado a pasear con mochila y todo para venir a sentarse all\u00ed, justo ese d\u00eda. Era simplemente una ocasi\u00f3n m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pobre Pancho, ri\u00f3 para sus adentros. \u00a2&amp;hibar;C\u00f3mo ser\u00e1 eso de querer pero no poder? Claro, no puede tenderse en la vereda ni puede ver m\u00e1s si se para all\u00ed; eso debe de tenerlo loco.<\/p>\n<p>-Hey, chop\u00e1n, busca si queda m\u00e1s goma en mi estuche.<br \/>\n-A ver\u00a1\u00a6<\/p>\n<p>Se dio cuenta que ten\u00eda el block llena de borrones. Hacer el sketch no hab\u00eda sido dif\u00edcil, por representar ese ambiente, ese aura \u00fanico del lugar era un trabajo imposible. S\u00ed, no pod\u00eda faltar ese mont\u00f3n de cipreses a modo de fondo secundario, separando los pastos salvajes y el cielo semiceleste. No ten\u00eda que darle esa suavidad en aquella porci\u00f3n del tejado, esa entrada deb\u00eda ser m\u00e1s claro.<\/p>\n<p>Algunas personas se deten\u00edan de vez en cuando, extra\u00f1ados de ver a alguien retratando un aspecto tan retrocontempor\u00e1neo, aquella mansi\u00f3n de rostro pobre y s\u00edmbolo de la falta de civilizaci\u00f3n en tiempos pasados. Luego pasaban. Las colegialas apresuraban el paso, picadas por la mirada brillante de Pancho.<\/p>\n<p>La realidad se volvi\u00f3 pura imagen. Sin sonidos, sin olores. S\u00f3lo la majestuosidad del objeto de su atenci\u00f3n, asom\u00e1ndose como estatua perdida entre cemento y la ciudad moderna. Ni el tr\u00edo de chicos con cara de matones, que dejaron el recuerdo de la carcajada ahora inaudible como obsequio a su dedicaci\u00f3n, ni el tipo de azul quien se detuvo justo entre la ventana derecha y \u00e9l, obstaculizando la inspiraci\u00f3n, en una posici\u00f3n de ingeniero midiendo el terreno, ni el F-150 negro esmeralda ni el est\u00fapido de la mochila negra ?quien se quedara por momentos boquiabierto observ\u00e1ndolo-, lograron llamar su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estaba absorto. As\u00ed como el gran vac\u00edo que antecede un hecho tremendo, alg\u00fan desastre universal. Un se\u00f1or alto tiraba con todas sus fuerzas del Rottweiler negro que le ladraba furiosamente.<\/p>\n<p>Fue luz, fue un s\u00fabito halo alrededor de la estrella m\u00e1s brillante del sur en medio de la noche. Era el rel\u00e1mpago fugaz que lo her\u00eda en el alma y los pensamientos.<br \/>\nEntonces lo vio.<\/p>\n<p>Comenzaba a oscurecer. Fabi\u00e1n lo ayudaba a levantarse. Sacudieron ambas parkas, recogieron los l\u00e1pices y papeles desparramados y caminaron. Se dirig\u00edan a sus casas, rumbo al noreste, para el centro. Para Panchito era otra tarea de artes pl\u00e1sticas terminada. Una moto pas\u00f3 a sus espaldas, dejando las mismas estridencias de siempre. Igual era grato escucharlo. Ya no necesitar\u00eda sentarse all\u00ed, con tanto fr\u00edo y autos y personas distray\u00e9ndolo. Tan solo necesitar\u00eda sacarlo cuidadosamente de su armario y observarlo por horas y horas. Matar la conciencia. Emborracharse cuando quisiese.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s no lo entregar\u00eda a la profesora ? no, seguramente. Lo tendr\u00eda para \u00e9l, y Pancho deber\u00eda conformarse con otra copia, sin las manchas de l\u00e1grimas espirituales. No.<\/p>\n<p>Esa noche hubo luna llena. Un pajarillo cantaba sentado de cuclillas en los escalones de entrada. Cantaba. Estaba triste. Algo le hab\u00eda sido quitado.<\/p>\n<p>27.08.99<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La mansi\u00f3n estaba ah\u00ed, con todas sus ventanas sin vidrio, sus paredes de madera deshechos a medias, techo rojo y la vegetaci\u00f3n salvaje rode\u00e1ndola por todos lados, como si quisiesen acabar con lo poco de lo humano que en aquel rinc\u00f3n del \u00e1rea en demolici\u00f3n quedaba. El estudiante lo observaba con ma\u00f1a y agudeza. 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