{"id":175,"date":"1999-06-05T02:47:48","date_gmt":"1999-06-05T07:47:48","guid":{"rendered":"http:\/\/yokim.net\/wp\/a\/175\/"},"modified":"1999-06-05T02:47:48","modified_gmt":"1999-06-05T07:47:48","slug":"causa-sin-motivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/yokim.net\/es\/175","title":{"rendered":"Causa sin motivos"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz.<br \/>\nG\u00e9nesis 1:3<\/p><\/blockquote>\n<p>Echado en su c\u00f3moda silla, escribe. Expresi\u00f3n seria, ojos graves como el amanecer que se observa a sus espaldas, pluma en mano. Escribe. Pliegos de hojas se mantienen derechas en su mano izquierda, mientras escribe con prodigiosa rapidez sobre el cuaderno encima del escritorio. Una l\u00e1mpara fluorecente lo ilumina desde el techo. Luz blanca. A\u00fan as\u00ed, no puede impedir la intensa oscuridad que penetra por las ventanas. La habitaci\u00f3n est\u00e1 semioscura. Paredes caf\u00e9 oscuras, piso gris. Perfiles de grises edificios a lo largo de la ancha y alta ventana.<\/p>\n<p><!--more-->El hombre frunce el se\u00f1o, por unos segundos. Ignoras el por qu\u00e9. Viste un terno gris claro, y camisas rosado p\u00e1lido. Esta vez para de escribir y mira de reojo la hoja que sostiene en su mano. Tiene puesto una corbata azul con verde oscuro. Cabellera negra. No puedes ver el color del escritorio porque lleva vidrio encima y su reflejo se traga el rebote luminoso del mueble. Encima de \u00e9sta hay una calculadora com\u00fan y corriente, dos gruesos libros, un mont\u00f3n de hojas sueltas en un rinc\u00f3n y una caja. Observas la caja y ves un papelito, con un mont\u00f3n del mismo papel detr\u00e1s, en que se lee: Augusto Fernando C\u00e9fibis M. Abogado independiente con menci\u00f3n en criminolog\u00eda. Los Cipreses 31528, D.513, Alto las Condes Fono: 246-5391 E-mail: heyknan@hosanna.com<br \/>\nDe pronto, Augusto deja sus papeles sobre el mont\u00f3n de hojas. Atrae el cuaderno en frente de s\u00ed y hojea hasta dar con una p\u00e1gina. Tose dos o tres veces, para afinar la voz. Con una liger\u00edsima sonrisa, se para y se encamina a la puerta. \u00bfQu\u00e9 diablos? Te preguntas. Se acerca a la puerta y la abre.<\/p>\n<p>No puedo saber si eres t\u00fa o el caballero que iba a tomar la manilla de la puerta el m\u00e1s sorprendido. El tipo que iba a abrir la puerta viste un terno tambi\u00e9n, verde oscuro. En otras circunstancias, la exagerada expresi\u00f3n de at\u00f3nito ser\u00eda motivo de risa para cualquiera. Hijo m\u00edo, no r\u00edas. Conozco a Augusto de hace a\u00f1os y dir\u00eda que este incidente no fue casual. T\u00fa no comprendes a\u00fan estas cosas, porque has muerto hace poco tiempo; pero yo, que tengo experiencia\u2026 shh, callemos, no quiero interrumpir ni siquiera sordamente la conversaci\u00f3n de estas personas.<\/p>\n<p>El tipo con terno verde tose. Tiene un rostro grave y tranquilo, bajo el cual se le ve la corbata negra. Ya est\u00e1n los tres en la habitaci\u00f3n, sentados, Augusto detr\u00e1s del escritorio; el tipo verde en una silla al frente de la mesa. Hay otro hombre que entr\u00f3 con \u00e9l. Viste de un terno azul oscuro, camisa caf\u00e9 claro. Est\u00e1 sentado a la derecha del hombre verde. Ambos personajes tienen el cabello negro, aunque yo te dir\u00eda que el de la izquierda tiene un cierto tono a caf\u00e9 y el tipo azul tiene el pelo algo despeinado. El hombre verde habla.<\/p>\n<p>-Bueno, he venido aqu\u00ed porque varios de mis compa\u00f1eros de trabajo le han recomendado y he averiguado, por mi cuenta, que ud. es un hombre confiable.<br \/>\nAugusto escucha, concentrado. Tiene ambas manos bajo la mand\u00edbula. Observa atentamente a su interlocutor. Tras una pausa, el hombre contin\u00faa \u2013 Le explicar\u00e9 el caso en breves palabras, no tengo la menor intenci\u00f3n de quitarle su precioso tiempo. Vea \u2013 saca varios papeles de su malet\u00edn. Su malet\u00edn gris, vaya, no me hab\u00eda dado cuenta \u2013 aqu\u00ed est\u00e1n los comprobantes, aqu\u00ed la acreditaci\u00f3n,\u2026<\/p>\n<p>F\u00edjate, hijo m\u00edo, en el hombre con el terno azul. Me recuerda mi madurez; yo era as\u00ed, mientras estuve vivo: callado, pensativo, una sonrisa abundante pero no visible, como \u00e9l, hijo\u2026<\/p>\n<p>S\u00ed. \u00c9l tiene ojos claros. Realmente, si observaras con atenci\u00f3n, lo ver\u00edas. Piensa. Est\u00e1 observando los cuadros, pero en su interior bulle emoci\u00f3n. Tiene las manos en los bolsillos. El hombre de verde lo mira y le hace muecas, mientras deja sus papeles sobre el escritorio. Augusto, con su rostro permanentemente grave y concentrado, hojea los papeles. Toma su pluma, su pluma negra con dos franjas amarillas al otro extremo de la punta, para escribir. Toma su pluma, toma apuntes. Mientras tanto, el hombre de verde cuchichea con el tipo azul. Los documentos que revisan Augusto consisten en dos copias de un contrato. En ambos aparecen las partes firmantes: Andr\u00e9s Paulmann Rasch K., representante de Oracle Chile S.A. y Guillermo Alejandro Rivas A., representante de Sun Chile S.A. Ambos cuchichean entre ellos.<\/p>\n<p>-\u2026por eso creo que deber\u00edamos ponernos de acuerdo respecto a esto. Mira, tarde o temprano te van a descubrir, es un hecho, y puedo demandarte por fraude comercial \u2013 lo amenaza tranquilamente el hombre de terno verde, corbatas negras. La respuesta del hombre con el pelo despeinado no es menos relajada:<br \/>\n-Compadre, si por algo vinimos a este abogado.<\/p>\n<p>\u2026y por mutuo acuerdo Oracle Chile S.A. y Sun Chile S.A. firman este contrato, pormetiendo Sun Chile S.A. cooperar con su propio equipo de codificaci\u00f3n y seguridad en entorno TCP\/IP y traspasar todo recurso humano, documental e intelectual a Oracle Chile S.A\u2026 tercero, que tanto Oracle Chile S.A. como Sun Chile S.A. est\u00e1n conscientes\u2026 la cantidad acordada es de dos millones ochocientos veinticinco mil d\u00f3lares, cantidad que Oracle Chile S.A. entregar\u00e1 a Sun Chile S.A. en cuentas temporales e inmuebles, de la cual el tercio pagar\u00e1 inmediatamente y el resto por un per\u00edodo de tiempo que se acordar\u00e1 posteriormente\u2026 Cuarto, que desde el momento de la firma del contrato en adelante Sun Chile no deber\u00e1 hacer concesi\u00f3n t\u00e9cnica de ning\u00fan tipo a empresas catalogadas en \u00e1reas iguales a \u00e9sta\u2026 s\u00e9ptimo, que\u2026 decimotercero, que\u2026<br \/>\nAugusto sigue leyendo, a la vez que escuchando a Andr\u00e9s Rasch, el de la corbata negra y terno verde oscuro.<\/p>\n<p>-Bueno, el punto es que\u2026 tomamos dos copias del contrato, uno para m\u00ed y el otro para Guillermo, pero nuestros papeles var\u00edan en un punto: en la cifra acordada. Vea \u2013 Andr\u00e9s le quita los papeles y le muestra las dos copias de modo que se vea a primera vista la diferencia entre ambas: en una dice dos millones ochocientos veinticinco mil y en la otra dice veintiocho millones doscientos cincuenta mil \u2013 la copia de los dos millones es la m\u00eda, y la de los veinte millones corresponde a la este compadre, Guillermo.<br \/>\nMe miras con ojos sospechosos y tristes. No te aflijas, hijo m\u00edo. Esto s\u00f3lo ha comenzado. No s\u00e9 qu\u00e9 pensar al respecto; mas observemos.<\/p>\n<p>Guillermo, el que ten\u00eda la camisas caf\u00e9 claro, mira los cuadros en las paredes. Reconozco una de las pinturas: es la obra maestra de Miguel \u00c1ngel, el jucio final. Cuando seas mayor, te har\u00e9 componer un poema inspirado en el cuadro \u00e9se, hijo. Augusto le dirige una mirada interrogativa. \u00c9ste se siente observado y voltea su vista, ambos ojos se encuentran. Una, a\u00fan joven, grave y penetrante, bulle en su interior la l\u00f3gica, la fr\u00eda deducci\u00f3n \u2013 debe averiguar qui\u00e9n modific\u00f3 su papel, tenlo en cuenta \u2013 y en la otra, ya cansado de la vida, igualmente sereno. Asiente lentamente con la cabeza, respondiendo a la imaginaria pregunta de Augusto, \u201c\u00bfes cierto eso?\u201d. Augusto lo mira y levanta las cejas. Se dibuja en la fisonom\u00eda del hombre con terno verde una sonrisa pomular. Andr\u00e9s est\u00e1 terminando su discurso.<br \/>\n-\u2026y el notario quien nos tom\u00f3 las copias tambi\u00e9n tiene su copia guardada\u2026y \u00e9sta result\u00f3 coincidir con la m\u00eda. Ambos tenemos copias de contratos electr\u00f3nicamente en los servidores de nuestras compa\u00f1\u00edas, y en un computador central del notario. A\u00fan no hemos comprobado esos documentos, porque es necesario obtener un permiso extrarutinario para abrirlos, la relaci\u00f3n entre nuestras empresas son buenas, y no queremos provocar falsas sospechas.<br \/>\n-D\u00e9jeme pensarlo un poco.<br \/>\nAugusto cierra los ojos. El silencio es absoluto. Es el momento. Veo en su rostro, una rara lucha entre el inconsciente y la raz\u00f3n. Ves su corbata azul con verde. Est\u00e1s preocupado por ambas personas, hijo? S\u00ed: a uno de ellos se le declarar\u00e1 como mentiroso. Y Augusto, \u00e9l, debe decidirlo. A m\u00ed me parece mucho que el sr. Andr\u00e9s es inocente, todas las pruebas indican ellos, pero no s\u00e9. Esto es bastante complicado. \u00bfT\u00fa crees lo mismo? \u00a1Si por algo eres hijo m\u00edo, moriste de la misma manera que yo! Observemos.<\/p>\n<p>Los dos se\u00f1ores estaban conversando en voz baja, pero callan. Augusto ha hablado.<br \/>\n-Bien. El caso me parece bastante claro, que como uds. ya sabr\u00e1n, se trata de falsificaci\u00f3n de contratos pos-acuerdo. Uno de uds. dos ha modificado muy bien el documento, porque no creo que el notario haya podido sacar dos copias diferentes. No se trata de una \u201ctipo\u201d, ya que la cifra aparece escrita en palabras y su estructura hace imposible tal error.<\/p>\n<p>Ambas partes escuchan la pl\u00e1tica con igual tranquilidad. Est\u00e1n ah\u00ed, atentos, esperando que el abogado d\u00e9 la soluci\u00f3n definitiva a sus problemas.<\/p>\n<p>-Tengo en mi posesi\u00f3n, una m\u00e1quina que puede comparar la textura y cualidad de una mecanograf\u00eda con otra. Se\u00f1or Andr\u00e9s, \u00bfme podr\u00eda pasar una copia del original que el notario hab\u00eda guardado?<\/p>\n<p>\u00c9l se lo entrega, sin mayores comentarios.<\/p>\n<p>-Ahora, esp\u00e9renme aqu\u00ed un momento, mientras comparo ambas hojas.<\/p>\n<p>Se para de su asiento, los deja atr\u00e1s, y entra a un cuarto aparte que estaba conectado a la oficina a trav\u00e9s de una puerta lateral.<\/p>\n<p>Sorpresa. No hay ninguna m\u00e1quina. S\u00f3lo un mont\u00f3n de libros, un tel\u00e9fono en un rinc\u00f3n. Augusto cierra la puerta. A trav\u00e9s de ella puedo percibir los leves murmullos entre ambas personas, \u00bflos oyes? Tras asegurar la entrada cuidadosamente, nuestro hombre toma el tel\u00e9fono. Noto preocupaci\u00f3n en tus ojos, hijo. Yo estoy de acuerdo con \u00e9l, no entiendo c\u00f3mo, pero no s\u00e9 qu\u00e9 har\u00e1.<\/p>\n<p>-\u00bfAl\u00f3? Buenos d\u00edas, soy Augusto C\u00e9fibis, d\u00e9me con Ricardo Guti\u00e9rrez, por favor.<br \/>\nBreve silencio\u2026<br \/>\n-Hola. Soy yo. Necesito pedirte un favor.<\/p>\n<p>Su rostro se pone tieso, lo puedo notar. T\u00fa me miras angustiado, me suplicas haga algo. No puedo, hijo. Este hombre tiene algo en mente. Espera, por favor.<\/p>\n<p>-El caso es el siguiente: hay un documento de texto, \u00bfqu\u00e9? No s\u00e9. He visto el formato y es de esos t\u00edpicos procesadores de texto, no te podr\u00eda asegurarte nada. Ese documento lo puedes hallar en tres servidores: el de Oracle Chile, Sun Chile, y un notario que tiene\u2026 que bueno, tiene servidor propio, con servicio de correos funcionando. Dice: notaria.103.cl Ahora, escucha con atenci\u00f3n. Necesito que acceses el documento en los tres computadores, y que ubiques el texto \u201cdos millones ochocientos veinticinco mil\u201d, s\u00ed, \u201cdos millones ochocientos veinticinco mil\u201d y cambiarlo por el texto \u201cveintiocho millones doscientos cincuenta mil\u201d. Si no lo hallas no importa. S\u00ed, piensas r\u00e1pido. Le subes un cerito. Toma todas las medidas de precauci\u00f3n. Cuida que la fecha no quede modificada, ni que se agregue el atributo archivo. Especialmente con Oracle y Sun, est\u00e1n desarrollando secuencias de seguridad en red, cuida que no noten tu penetraci\u00f3n. No, conf\u00eda en m\u00ed. Te debo una. \u00bfEn cu\u00e1nto tiempo lo tienes listo?<br \/>\nTu rostro triste se transforma en espanto. \u00bfQu\u00e9 hace este hombre? Ni yo lo s\u00e9, hijo\u2026 ni yo\u2026<\/p>\n<p>-A ver, espera un poco\u2026 &#8211; se escucha la voz al otro lado de la l\u00ednea.<br \/>\nOtro silencio, esta vez mortal. No m\u00e1s de dos segundos, pero es angustia en a\u00f1os luz. La voz del tel\u00e9fono vuelve a escucharse.<br \/>\n-Quince a veinte minutos.<br \/>\n-\u00a1No puede ser tanto! Tienes que hacerlo realmente r\u00e1pido, aunque sin fallas.<br \/>\n-Eso es dif\u00edcil. D\u00e9jamelo en doce. Ver\u00e9 c\u00f3mo me las arreglo. \u00bfQu\u00e9, lo van a accesar entonces?<br \/>\n-S\u00ed. Yo los voy a entretener, est\u00e1n en mi oficina. Pero tras escuchar mis \u00faltimas palabras, el tipo de Oracle va a volar a comprobar lo que le dije. El de Sun, no tanto, pero igual tienes que apurarte.<br \/>\n-Estoy trabajando ahora. \u2013 se escuchan diminutos tic-tacs por el tel\u00e9fono \u2013 me debes una explicaci\u00f3n, compadre.<br \/>\n-Ya te explicar\u00e9. Gracias, Ricardo.<br \/>\n-Nos vemos.<\/p>\n<p>Clic. Agitado, abre la puerta tras descolgar el tel\u00e9fono. Los se\u00f1ores se estaban aburriendo, seg\u00fan veo.<\/p>\n<p>-\u00a1Bueno! \u00bfY qu\u00e9 obtuvo?<\/p>\n<p>Augusto no les dice nada. Pesadamente se encamina a su silla, se sienta y comienza a explicarles. Les habla vagamente, sin poner atenci\u00f3n a sus preguntas y observaciones. No me extra\u00f1a. Est\u00e1 haciendo tiempo. Pasan diez eternos minutos.<\/p>\n<p>-\u2026 en conclusi\u00f3n, lo que quiero decir es que\u2026 las se\u00f1as de su documento, Sr. Andr\u00e9s, no coinciden con las del notario. La del notario coincide con la del Sr. Guillermo, pero sus cifras no son iguales. Yo dir\u00eda que el del Sr. Guillermo est\u00e1 bien, pero el notario tuvo un problema de impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La despedida es r\u00e1pida. Andr\u00e9s se marcha enojado, pero puedo ver, a pesar de todo, que una vez fuera de la oficina corre, corre al ascensor, corre a la calle, corre a tomar el taxi. Saca su celular e informa lo ocurrido. Agita su cabeza, no lo puede creer, supongo. Est\u00e1n rojos sus ojos. Ya lo creo. Veintiseis millones de d\u00f3lares, no es poca plata, amigo m\u00edo. Pero cosa rara, creo ver en sus ojos\u2026 una expresi\u00f3n endemoniadamente malvada, que dice:<\/p>\n<p>\u00a1no puede ser! \u00a1C\u00f3mo, c\u00f3mo me descubri\u00f3, si lo ten\u00eda todo perfectamente arreglado! Maldito abogado, maldita m\u00e1quina, maldito abogado\u2026 pero no, voy a comprobar los documentos que arregl\u00e9, los documentos de la empresa. Con los informes que di, no puedo modificarlos ya, deben haber aumentado el nivel de seguridad. Pero no importa, la evidencia est\u00e1 all\u00ed. Ya est\u00e1n cambiados los tres documentos. Yo ganar\u00e9, maldici\u00f3n.<br \/>\nGuillermo se marcha tranquilo. Agradece la cordialidad de Augusto, se marcha, va a su casa. Quiere disfrutar este desenlance del problema con su esposa, sus tres hijitos. Ya tendr\u00e1 tiempo para informar a su jefe.<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo explic\u00e1rtelo, hijo. Hay cosas que ni nosotros, con nuestro sentido espiritual, captamos. No s\u00e9.<\/p>\n<p>El abogado parece cansado. Tras despedir a Guillermo, cierra la puerta. Se sienta en la silla, abre nuevamente su cuaderno y toma en su mano las hojas que sostuviera antes de recibir a los visitantes. Comienza a leer, mientras escribe de vez en cuando sobre su cuaderno. Pero la rutina no puede seguir. De pronto, con un furioso grito, se desploma sobre el escritorio. Llora. Hijo m\u00edo, \u00a1con qu\u00e9 conmovimiento llora, solloza! Llora. Las l\u00e1grimas manchan las hojas, el vidrio del escritorio. Llora. M\u00e1s bien, quejido de su alma, dir\u00eda yo. Llora. Golpea la mesa. Los vidrios se trizan y se quiebran, sus manos sangran. Su rostro sangra. Llora. La oscuridad de la noche se aleja definitivamente, el sol se ve a treinta y ocho grados respecto al horizonte. Y llora. Echado en su escritorio, sangriento, iluminado por los primeros rayos del sol, llora, deja que su alma se estruje, se queje y a\u00falle.<\/p>\n<p>05.06.99 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz. G\u00e9nesis 1:3 Echado en su c\u00f3moda silla, escribe. Expresi\u00f3n seria, ojos graves como el amanecer que se observa a sus espaldas, pluma en mano. Escribe. 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