{"id":2496,"date":"1999-06-06T02:48:31","date_gmt":"1999-06-06T07:48:31","guid":{"rendered":"http:\/\/yokim.net\/wp\/a\/174\/"},"modified":"1999-06-06T02:48:31","modified_gmt":"1999-06-06T07:48:31","slug":"stravinsky-al-leo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/yokim.net\/es\/2496","title":{"rendered":"Stravinsky al &#211;leo"},"content":{"rendered":"<p>No debe de tener m\u00e1s de catorce a\u00f1os. Ella mira.<\/p>\n<p>El joven est\u00e1 concentrad\u00edsimo en su trabajo, rostro sonriente. Le han pagado muy bien, pero tiene su precio: debe preocuparse de no pintar m\u00e1s all\u00e1 de los marcos, porque no se puede borrar. Es el marco de la ventana, y la pared ya est\u00e1 pintada con rojo, de modo que si le aplica diluyente, se descolora la pared. Aunque lo pinte otra vez, la mancha estar\u00e1 all\u00ed, acusadora del error; y le pagar\u00e1n menos. Con sumo cuidado, pasa la brocha por la parte m\u00e1s delgada del marco. Se saca la lengua y muerde con los dientes.<\/p>\n<p><!--more-->Ella contiene la respiraci\u00f3n. Visto de cierto \u00e1ngulo, y con los efectos luminosos adecuados, el rostro del joven se ve espl\u00e9ndido. Disfruta realmente de esa estatua de m\u00e1rmol, esos ojos y boca bell\u00edsimos. \u00c9l est\u00e1 parado en una escalera de un metro de altura, de esas escaleras triangulares que se apoyan sobre s\u00ed mismos. Est\u00e1 parado en la escalera y pinta, ahora serio, la parte m\u00e1s dif\u00edcil. Extasiada, ella lo mira.<\/p>\n<p>Ella lo hab\u00eda visto por primera vez hace una semana m\u00e1s o menos, recuerdo. Por entonces, no era m\u00e1s que uno del mont\u00f3n de obreros que ven\u00edan a trabajar en la reparaci\u00f3n de su casa. Pero hace unos cuatro d\u00edas, todo eso cambi\u00f3. Ella lo hallaba m\u00e1s hermoso, m\u00e1s varonil, m\u00e1s sonora y clara su risa. A \u00e9l no le ocurr\u00eda todo eso. \u00c9l estaba trabajando por el sueldo. Pero desde entonces, ella busc\u00f3 sus ojos, su sonrisa, sus ojos. Lo busc\u00f3 de ma\u00f1ana a noche. Lo encontrasba pintando por all\u00ed, se escond\u00eda asustada y asomando los ojos lo miraba, la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Una tarde el padre los invit\u00f3 a todos a comer en su casa. A ella le toc\u00f3 sentarse al lado de \u00e9l. Sin rodeos: sand\u00eda. Se le hac\u00edan nudos en la garganta, le temblaban las manos, pies. No pod\u00eda observarlo de tan cerca. Oh, y c\u00f3mo se sinti\u00f3 entonces \u2013 cuando de pura tiritona se le cay\u00f3 el tenedor y \u00e9l lo recogi\u00f3. Lo recogi\u00f3 y con una sonrisa amable se lo entreg\u00f3 en sus propias manos. Fue entonces cuando toc\u00f3 sus manos. Mil\u00e9simas de segundo. Sus manos, \u00e1speras y c\u00e1lidas. Y estaba segura, segur\u00edsima que la quer\u00eda. Mir\u00f3 sus grandes ojos, y lo comprendi\u00f3 as\u00ed.<br \/>\nDe ese d\u00eda lo am\u00f3 con pasi\u00f3n loca.<\/p>\n<p>El destino tiene su m\u00e9todo, su m\u00e9todo \u00fanico de proceder. Cuenta con numerosos siervos, todos los seres del universo. Su padre le orden\u00f3 que vigilara a Marco, que se fijara si estaba pintando bien, porque la ventana que daba a la calle era importante. \u00a1Con qu\u00e9 placer corri\u00f3 ella a acatar sus \u00f3rdenes! Est\u00e1 sentada all\u00ed, con su silla sin respaldo \u2013 esas sillas redondas con cuatro patas \u2013 y observa. Mal que mal, no se fija si pinta bien. Emborrachada de felicidad, observa su rostro, tan divertido ahora que est\u00e1 serio.<\/p>\n<p>-Ah\u2026 oye, Marco\u2026<br \/>\nDecide hablarle. Nunca le hab\u00eda dicho palabra, excepto cuando le murmur\u00f3 un \u201cgracias\u201d cuando \u00e9l le entreg\u00f3 el tenedor.<br \/>\n\u00c9l la mira y levanta las cejas. Coloradita. Mira, te escucha, te escucha y te entiende\u2026 y este pensamiento la excita m\u00e1s.<br \/>\n-Eh\u2026 hum\u2026 lo que\u2026 te quiero\u2026 decir es\u2026 \u00bfpor qu\u00e9 solo pintas con m\u00e1s cuidado esa parte no m\u00e1s? \u2013 murmura, le sale tan despacito que ni ella escucha bien.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9?<br \/>\n-\u2026<br \/>\n-Ah, \u00bfpor qu\u00e9 pinto aqu\u00ed con m\u00e1s cuidado?<\/p>\n<p>Asiente con la cabeza. No puede hablar.<\/p>\n<p>-Es que es m\u00e1s delgadito aqu\u00ed, y se me puede pasar la pintura, me puede manchar la pared.<br \/>\n-\u00bfY qu\u00e9 tiene? \u2013 esta vez lo dice un poco m\u00e1s fuerte.<br \/>\n-Claro, lo puedo sacar, con un l\u00edquido que traigo, pero entonces se me borra la pintura de la pared. Y si la pinto otra vez, se me nota. El patr\u00f3n me va a descontar el sueldo, entonces.<\/p>\n<p>Eso fue largo, no lo entiende bien. Pero una cosa le ha quedado: \u00e9l puede sacar la pintura. \u00c9l. Solo \u00e9l, concluye ella.<\/p>\n<p>-Bueno, \u00bfy c\u00f3mo crees que me est\u00e1 quedando la ventana? \u2013 le pregunta \u00e9l, echando los \u00faltimos pincelazos de caf\u00e9 claro sobre el pedazo de marco que le queda. Frunce los ojos. El sol del atardecer, ese sol fuerte y penetrante de noviembre, da justo contra la ventana. Brilla en la ventana y le duelen los ojos.<\/p>\n<p>La pinta que tiene con los ojos fruncidos es incre\u00edble. Ella vuela a esconderse a su habitaci\u00f3n. Tiene miedo.<\/p>\n<p>-\u00bfAlba\u2026?<\/p>\n<p>Es noche y los grillos lloran. O cantan, qui\u00e9n sabe. Los trabajadores se han marchado. De pronto, se oye el resonar de tarros chocando, tarros met\u00e1licos llenos de pintura. Y una risa el\u00e9ctrica, fantasmal.<\/p>\n<p>El padre sale con su linterna al patio interior. La mam\u00e1 est\u00e1 muerta de miedo \u201cEs el esp\u00edritu de la casa, \u00a1la adivina ten\u00eda raz\u00f3n! Me advirti\u00f3 que no reparara la casa, que despertar\u00eda al esp\u00edritu.\u201d y desmaya. Cautelosamente, recorre la luz a lo largo del amplio patio. Una forma caf\u00e9. Una silueta, una visi\u00f3n color caf\u00e9.<\/p>\n<p>Es ella. Parada en un rinc\u00f3n del patio. Desnuda junto a los tarros de pintura, vac\u00eda sobre su cabeza otro tarro, y r\u00ede, r\u00ede con ganas.<\/p>\n<p>06.06.99 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No debe de tener m\u00e1s de catorce a\u00f1os. Ella mira. El joven est\u00e1 concentrad\u00edsimo en su trabajo, rostro sonriente. Le han pagado muy bien, pero tiene su precio: debe preocuparse de no pintar m\u00e1s all\u00e1 de los marcos, porque no se puede borrar. 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