Actualizaciones de diciembre, 2004 Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • 12:23 am el December 26, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    narrativa aphasica en Spanglish 

    narrativa aphásica en Spanglish
    discursos subalternos antiesencialistas à la Gilroy

    Spanglish es una comedia romántica que da las primeras señales sanas hacia una narrativa no subordinada de la mexican immigrant population, especialmente aquellos nueva/(o)s en la migrant trail en los Estados Unidos. No te dejes engañar por los simbolismos ultrarebuscados de “latin girl” y “la single lágrima rule” pseudo realismo mágico que presencies en el comienzo pues son meros artifactos visuales para que la película no resulte demasiado subversiva para una audiencia que continúa siendo predominantemente angla. (judging solamente por ese póster, I would have never paid $7,50)

    Si tuviese que dar la conclusión prematura: nice try, pero no./t really.

    Dos son las novedades: una, la confrontación (que está really happening) entre una posicionalidad de la middle-class familia establecida que absorve e incorpora todo otherized discourses y la familia “tradicional», y “mexicana” (adjetivos que asumen un esencialismo que la estructura narrativa logra superar, más de esto tarde) que busca dificultosamente establecer un enclave con su propio ethos. Dos, una nueva expresión al fenómeno del amor, intentos de superar la estructura linguística, espacio marginal en la que a menudo se pierde el real feel de un falling in love – pero el instrumento usado como respuesta es la afasia o mudez.

    Flor es una single-household mother del D.F. (¿…presumiblemente? para la gaze del anglo subjetivizado, no existe diferencia si la persona viene de Chiapas o de Morelos, eh) que viene, nótese, de una familia bastante bien asentada a juzgar de su casa en México. Y bien clarita de piel también. Hay que notar la sutileza del reparto racial donde el padre habría de ser mucho más oscuro para que la hija naciera morena. Hay un breve momento, reminiscent of Macondo, donde la madre no le permite llorar a la niña sino una gran lágrima. And it better be a good, long tear. Éste, y un par de otras escenas en que la madre más que nada “reprime” sus emociones à la catholic work ethic, y adiestra a su hija como una “buena mujer mexicana», esto es, respetuosa, siempre pendiente del interés comunitario, introvertida, etc etc, construye la antítesis turned desirable (una extraña forma de neo-orientalismo que no llego a grasp completamente, pero tiene sus similitudes con el extramado idealism que la gente en el primer mundo atribuye a tradiciones del sur asiático – el budismo, en concreto)

    Haciendo caso omiso al orden temporal de la película, en el otro lado tenemos la familia “angla», histérica, ocupada de las pequeñeses de la vida diaria, not grown up, donde los miembros de la familia se odian uno al otro, sexualmente impotente (aspecto focal en el conflicto, ¡porque la protagonista mexicana es una mujer!), y demás pecados mortales. La abuela, embodying una sabiduría que quién sabe de dónde sacó, guía y aconseja a la pareja cual una profetiza. Yo no sé cómo es que nunca he estado así de cerca de una familia tradicionalmente angla (¿y qué hay del pelo negro de John?), pero estoy de acuerdo con las premisas dadas. ¿Reproducción de la doctrina dominante? ¿Aguda crítica social? ¿Instintos de un director que se especializa al parecer en comedias? El asunto es que si la pinta que se le da a la familia de Flor y Cristina parece más bien un esqueleto, aquella de John, Deborah y sus dos hijas tiene más carne, más humano. Sobre todo, es un agente que hace decisiones racionales (read: las Moreno están implícitamente excluidos de esta cualidad). La amiga de Flor, quien le consigue el trabajo, le confiesa al servir de intérprete: “Esta mujer está loca.” Sip, loquísima. Pero todos son un poco locos en el mundo, y aquellos que no lo son at all son una rareza further object of curiosity.

    Una gran parte inicial de la película muestra cómo Flor, siendo la poseedora del conocimiento (aka los “recursos naturales” en el siglo XIX) resuelve variados conflictos en la familia, restaurando un poco el “balance», como dirían los nuevos fanáticos asiáticos. La apex de la escena cuando Flor le rehace la ropa de smaller size a Evelyn es cuando Evelyn toca los contornos de la ropa y se da cuenta que Flor había trabajado toda la noche para obsequiárselo. Aquí, fíjate bien, Evelyn no se emociona del mero fact that she has new clothes, sino de la intención de Flor, o más bien, el interés de Flor en su bienestar que va más allá de su trabajo como house maid. Aquí supuestamente los anglos no tienen esta sensibilidad pura que la señor(it)a “exótica», “extranjera” ha traído para ser consumido como espectáculo del alma por la sociedad a $600 por mes.

    En el contexto de las relaciones humanas, John, el padre, ocupa un punto de singularidad – después de todo, esta es una historia sobre cómo un hombre blanco heterosexual se peina a una mujer café heterosexual – y constantemente se mueve entre el mundo de Evelyn y Deborah, y el mundo de Cristina y Flor. En cierto modo, desde la escena en que Flor busca trabajo en una entrevista con Deborah (en que John está ausente), hasta la escena en que Flor y John están conversando juntos, la apertura de esta historia es una marea alta, donde los puntos altos son mayores encuentros entre los dos personajes y John moves away from Deborah. Dada la voluminosa cantidad de películas donde el hombre blanco se folla a una mujer de color, ambos siendo heterosexuales, comenzando por The Last Samurai, el espectador no puede sino quitarse de la cabeza que Flor, hecha “objeto” de agentes móbiles del deseo está destinada a una relación amorosa de una u otra forma.

    Falta recalcar cómo la femenineidad en Flor florece sólo cuando John comienza a notarla. En otras palabras, sex appeal en la población de people of color es licenciada / permitida existencialmente hablando sólo cuando un hombre blanco directs his gaze al cuerpo como objeto.

    Si estos criticismos sugieren que la película va para esencialismo, no lo son. Definitivamente, Spanglish ha superado la inmadurez de “A Crash Course on Hollywood’s Latino Imagery” (Charles Ramírez Berg) Los moves de Flor y Cristina, así como de otros actores que las rodean, son más impredecibles y se escapaban by far los moldes señalados por la industria a lo largo de décadas de stereotype reinforcement. Esta película, hay que verla.

    Segundo punto es la afasia como vehículo del amor. Dado que Flor no puede hablar una sola palabra de inglés (ella relies en su amiga primero y luego en su hija, Cristina), su relación con el mundo exterior, en particular con la familia de Deborah y John, es altamente limitada. El director arguye que tal “desventaja” es un arma que puede ser usado estratégicamente para comunicar/representar un amor que sobrepasa lo cotidiano, en el campo de lo sublime, en un sentido. Este punto necesita refinamiento.

    Es experiencia cotidiana el escuchar “basura” artística que trata de codificar los sentimientos intensos, aquellos suaves placeres de amar, -aquí hablo de canciones populares – pero se dan cuenta que las palabras no bastan porque en general el enamoramiento no se limita a la experiencial racional (que es cubierta por el lenguaje) y por lo general optan por dos alternativas: hipérboles desmesurados, y quejas de que el idioma “no basta para cubrir mi amor», etc etc.

    El Director James Brooks intenta una nueva ruta a través de uso de una persona que está biosocialmente imposibilitada de hablar el idioma de la amada (aquí yo mismo estoy confundido si por esto me refiero a Flor o a John) y los significados no se filtran por ningún símbolo lingüístico, sino por aquella carencia de significado – el silencio, la aphasia inducida.

    Cuando Deborah le cuenta a John sobre sus escapadas sexuales con otro hombre, ella se derrumba en llanto y promete explicarle todo, llegar a un entendimiento profundo que los reuniría y curaría heridas. Ella se entrega a describir sus sentimientos, a “getting down to it all». Pero cuando ella hace una pausa, John pregunta: ¿qué dijiste? Perdona, no te escuché.

    La comunicación emocional no se logra en los números, declara en voz alta el director. Como dice John (de nuevo, he de notar que en la relación íntima “afásica», el angloparlante es el que ocasionalmente habla, pues la relación del hispanohablante subserviente – anglohablante de maestro no cambia sólo a razón de que las reglas del juego hayan cambiado.), “nosotros [John y Flor] nos hemos comunicado tan bien a través de los silencios todo este tiempo», las intenciones originales se pierden menos cuando las palabras lo distorsionan the least. (Referenciar: 레죵연구소, 립흘론: 포스트변형논쟁 [Raison Research Institute, Replyology: Debates on post mutation] mediamob.co.kr/rockdipl/24644.html )

    Si le damos un poco de crédito al director, es admirable que esta metodología del silencio se extienda a la mismísima relación (al nivel social) interracial-intercultural que se pinta en la narrativa. Las mismas tensiones raciales se apaciguan precisamente porque los agentes no pueden comunicarse completamente el uno con el otro y se evitan tempranas reacciones, lo que lleva a mayor reflexión en sus acciones previniendo encuentros hostiles superficiales.

    ¿Es el silencio la solución al “hispanic challenge»?

    Puede ser. Pero sólo como una medida transitoria. Sistemas de opresión podrían ser further justified si es que se permitiese una política que más se parece al color blind politics que una de multiculturalismo pluralista, at the very least, y una solución que no incluye la agencia de los grupos oprimidos en el decision process. ¿desde cuándo decidieron las chicanas y las latinas a callarse como respuesta a los malentendidos y las ofensas?

    El punto fatal, que aún no he mencionado, es el meta-espacio narrativo en que toma lugar the entire story. La película es el college admissions essay de Cristina, quien está aplicando a nada más ni nada menos que a Princeton, un stronghold tradicional del WASP, en cierto sentido mucho más que Harvard itself. En su essay ella escribe sobre la vida de su madre y reafirma su identidad como la hija de su madre, pero ¿para qué propósito lo hace? Para hacer un appeal a Princeton que quiere “diversificar” su campus en la medida que no amenace su whiteness pero que tampoco sea criticable como un all-white exclusive. Para decirles, “¡hey, compren mi raza! Yo soy una mexicana auténtica y aquí está el por qué.”

    Es decir, la película entera es sobre la historia de una vida que concluye felizmente en la afirmación de la identidad de una niña que lo usa para satisfacer requerimientos impuestos por el sistema blanco dominante. Por lo tanto resumo mi largo ranting en dos frases.

    Mr. Brooks,
    your movie was a failure.


    Yongho Kim

    PD.1. En el foro de IMDB de discusión sobre la película hay una interesante identity politiics discussion going on, un compadre loco que dice que hay que respetar el whiteness entre los hispanics, básicamente.que siente que el director ha categorizado a Flor, quien supuestamente es blanca, como oscurita porque el director no puede quitarse de su cabeza el prejuicio de que todos las personas al sur de Río Grande son morenitas. Gran escándalo.

    PD.2. Por último, esta carrera entre Flor y Deborah me pareció simbólico de algún proceso sociohistórico pero no estoy seguro qué significa. Obvio, tiene que ver con el poder adquisitivo y productivo de los gringos en gringoamérica, pero ¿qué tiene que ver con Cristina y llevarlos a la escuela?

    All photo images obtained from the Internet Movie DataBase (www.IMDB.com) website. All copyrights are reserved to Columbia Pictures Industries.

     
  • 11:40 pm el December 17, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    primer libro de visitas 

    primer libro de visitas

    email: yokima@gmail.com

     
  • 11:45 pm el October 7, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    Assignment 1: Microcultures under consideration 

    Thursday, October 07, 2004
    Assignment 1
    Yongho Kim
    Ethnographic Interviewing

    • A grocery store
    • Detective investigations post
    • Latino restaurant in the west side (too far?)
    • Snowplow units (only seasonal?)
    • One of MN Dept of Labor’s subdepartments (I’ve sent people to them but never been there)
    • Coffee shop
    • Event security guards at campus (hmm.. I go along well with one of them – too close/familiar?)
    • Adoption center
    • Foster center
    • Mexican political theatre group
     
  • 10:21 am el May 31, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    otra vez 

    otra vez

     
  • 2:36 pm el March 10, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    Ejercicio Etnográfico: Influencia personal del lenguaje 

    Yongho Kim
    SPAN488: Theorizing U.S. Latina/o Popular Culture
    Spring 2004

    La respuesta que más comúnmente suelo dar a aquellos que me preguntan “So what is your first language?” es: “las dos: el coreano y el castellano.” (“el coreano” va al comienzo si lo digo en español, y “spanish” va al comienzo si lo digo en inglés – por un fenómeno curioso, los coreanohablantes no me hacen preguntas de este tipo.)

    Aprendí a contar hasta cinco en castellano cuando tenía 8 años en el aeropuerto junto a mi mamá. Mis padres, misioneros cristianos, ya habían recibido algo de entrenamiento. Partíamos a Chile, y una vez allí mis padres impusieron reglas más o menos estrictas en que trataban de incorporarnos lo más rápido posible en la sociedad dominante de habla castellana. Nada de coreano en casa, sólo castellano. No importa si es un coreano sincretizado: “엄마 [mamá], helado를comer 해도 되요?[está bien si…?]”. Mi hermano menor, David, adquirió el idioma y sus rasgos distintivos – poder pronunciar la doble r, por ejemplo – rápidamente. Igual de rápido se olvidaba del coreano. A personas que vienen de la edad de mi hermano (3 años) o recién nacidos a un país extranjero se les dice la generación 1 coma 8. Su rasgo distintivo más notorio en comparación con la generación 1 coma 5 (mi generación) es que en general no hablan el idioma del país natal, o si lo hacen es de modo bastante rudimentario.

    Yo solía relacionar la fluidez del idioma con el grado de asimilación o maestría de la sociedad o cultura a la que le perteneciera el idioma. Por un lado, esta inclinación se fundamentaba en las ideologías étnico-linguísticas que maestros eclesiascales en teoría de la cultura e identidad traían de no sé dónde (¿Estados Unidos, quizás?) a los campamentos de la iglesia. Una de las primeras teorías que llegué a conocer así, en un taller de identidad durante un campamento, fue que uno no conocía “sus raíces” si no conocía el idioma. Aprender el coreano era esencial, decían los proponentes de la teoría, si uno quería encajar la color “누런” [nuroun, el color que adquiere el arroz quemado] de uno con su “cultura” (en otras palabras, su idioma). Nos decían, ustedes nunca van a encajar en la sociedad en que viven porque los “nativos [원주민]” no los van a aceptar como iguales. (Es de interés notar que en Estados Unidos este discurso no empleaba la palabra “nativos”, sino “sociedad dominante” – una extensión de tal razonamiento era que los afroamericanos no eran, por ejemplo, “nativos”.) Se asumía que existía una identidad pura, auténticamente coreana cuyo signo distintivo era el dominio del idioma.

    Una segunda ideología que llegó de similar manera a fines de los ‘90, era la de identidades múltiples. Se seguía asumiendo que existían identidades puras, una coreana y otra chilena (“nativa”). Ahora nos decían que uno nunca podría ser 100% coreano por la cuestión cultural pero tampoco podría ser 100% chileno por la cuestión amarilla. La ansiada respuesta, decían los maestros de campamentos, era ser lo más que uno podía ser en cada identidad. Por ejemplo, uno podía ser 80% coreano y 90% chileno, y sumar un 170%. (Lo que este porcentaje cumulativo significaba no era tan importante.) Creo que esta teoría era un resultado de la peculiar realidad racial en la sociedad coreana de la península combinado con el auge del multiculturalism en Estados Unidos. La ideología racial dictaminaba un ser completamente coreano, no “contaminado” con otras razas – identidades o razas “mezcladas” no tenía utilidad alguna a la nación en la península a menos que tal identidad fuera de Estados Unidos. A medida que las relaciones exteriores de Corea del Sur se diversificaba y surgían necesidades de obtener recursos más etnoculturalmente sensitivos para los intereses de Corea, se adoptó parcialmente las premisas del multiculturalismo mientras se trababa de mantener la ideología de una superioridad racial basada en la enseñanza histórica que los coreanos habían sido puros por 5.000 años.

    Además de estas dos corrientes ideológicas, otra razón por la que adopté la postura que uno debía conocer bien el idioma era porque yo ya estaba en tal situación. Habiendo tenido dos años de escuela primaria, yo tenía la capacitación básica para leer y escribir el coreano y con el tiempo la mejoré leyendo las docenas de libros en coreano que trajimos al mudarnos. Ya que se nos forzaba a hablar el español en casa, perdí gradualmente el acento y hoy día no tengo idea donde va el acento al hablar y los coreanos “nativos” que hablan conmigo se sorprenden que yo maneje una complejidad de vocabulario y de gramática a pesar de las entonaciones raras que hago de las palabras. Hoy mi mamá trata de corregirme el acento y yo trato de seguir, pero ya es demasiado tarde. ¿Para qué nos tiran a un extremo un día y al otro extremo al día siguiente? Mi hermano ya no habla un coreano conversable, y mis padres le retan y tratan de enseñarle, al mismo tiempo inculcarle, un amor al idioma coreano. Ahora que lo considero en introspección, yo diría que dejen al niño tranquilo – si ya lo molestaron por 7 años para que aprenda el castellano “como los nativos” es suficiente. En la vida cotidiana esto ocurre así: en las noches tenemos culto familiar, y juntos cantamos y leemos la Biblia (estos días con una versión bilingüe coreano-inglés). Mi papá hace preguntas acerca de lo leído, y como la versión del coreano en que está la Biblia corresponde al Reina-Valera, mi hermano no entiende ni una. “Cuándo aprenderás a hablar bien el coreano, David” – dice mi mamá. Y entonces se ríen de él. Ya fue mucho, creo.

    Por estos factores fue que me enfoqué en dominar bien el idioma coreano. En parte esto era facilitado porque encontré mucha gente que quería aprender el idioma exótico – tanto en el colegio como fuera de ella – y repasé varias veces las premisas básicas del idioma con el fin de enseñarlo a compañeros. A la generación 1,5 se nos distingue por hablar el idioma natal y en general son buenos intérpretes entre la población “nativa” y sus padres. Para producir cantidades de generación 1,5 que pudieran hablar decentemente, habían escuelas coreanas en los fines de semana en las que se seguía el mismo currículum que se seguía en las horas de leguaje en la península – donde hablaban de los próceres de la patria, “Ebrajam” Lincoln, Henry “Pho-D”, y en los textos de enseñanza media de los progresos económicos de la dictadura de Park.

    Las primeras generaciones de coreanos en Chile son cosa interesante. Es cierto que son una minoría étnica y lingüística, pero ellos tienen dinero – mucho dinero. En el caso de mi papá, ejercía un buen grado de influencia por la cantidad de apoyo que podía traer de sus iglesias en Corea para las iglesias en Chile. Por esto la primera generación de coreanos en Chile, a pesar de creer firmemente en la asimilación racial-linguística, se negaban a formar oraciones completas en español. “그래서 말이죠, 어제 원주민 tienda 주인을 만났더니 상품 값을 mitad로 내리래요.” [Por eso te digo, el otro día hablé con el dueño nativo (ya no se dice “Chileno” porque así los demás saben que están hablando de ellos) de la tienda y me dijo que bajara el precio del producto a la mitad]. En el caso de la iglesia esto se manifestaba en hermanos creyentes dando testimonio con un acento y construcción gramatical que imitaba la de mis papás, no en burla sino a modo de hacerlo más solemne, más influencial.

    Esto me llevaba a menudo a menospreciar de compañeros que no podían hablar coreano. En mi entrenamiento ideológico, había algo que los hacía menos humanos – menos coreanos de la península en el hecho de que no supieran hablar el coreano. Yo lo encontraba absurdo, por ejemplo, que las reuniones ejecutivas en la asamblea juvenil de la iglesia se hicieran en castellano. ¿Cómo pueden elegir a presidentes que no hablen coreano para un grupo coreano? Era mi pregunta. Al mismo tiempo, nos burlábamos de aquellos que no podían aprender el español – pero este menosprecio no era tan intenso como hacia aquellos que no podían aprender el coreano, o en el caso de mi mamá, el inglés. Existía una jerarquía de idiomas, decía mi mamá, en la que el coreano ya no era útil porque si uno quería hacer dinero ya no podía hacer negocios altamente lucrativos [léase: estafadores] con coreanos de la península y por ende había que enfocarse en mercados de escala a bajos niveles de desarrollo (como China).

    Venir a Estados Unidos para estudiar en la universidad añadió una dimensión racial que ya no era el binario coreano/español. Porque el español (ya que en Estados Unidos ya no se reconoce el castellano – at all) no encajaba con la imagen racial amarilla de mí, cuando me preguntaban “Where are you from?” decía “Chile” para utilizar ese detalle hacia conversaciones cosmopolitas marcadas por el tono de “¡oh! ¡Tu idioma racial no encaja con el que hablas!”. Por supuesto, siempre al final debía agregar una explicación de que mis padres eran misioneros (y no inmigrantes, contra cuyo término tenía otros complejos) y que por eso sucedía que yo venía del país de las pieles cafés y satisfacer la curiosidad de mi interlocutor que buscaba alguna forma de explicación racial (¿eres adoptado? O ¿estuviste de intercambio en Chile?)

    Por esto no puedo responder sin sentir rencor cuando me preguntan cuál es mi idioma “nativo” (o “primer idioma”, que en esencia pregunta lo mismo) y suelo responder “coreano y español” o “spanish and korean” para evitar encuentros raciales desagradables. Todo por culpa del nacionalismo racializado.

     
    • PaU 10:17 am el noviembre 11, 2009 Enlace permanente | Respuesta

      hola
      soy de chile y me parece algo conocida tu historia se refleja un poco en la de unos chicos coreanos que conosco que igual son hijos de misioneros cristianos o algo asi pero han viajado por varios paises bueno solo queria decirte eso y espero que tu paso por chile halla sido bueno .
      adiioosss

  • 2:34 pm el February 11, 2004 Enlace permanente | Respuesta  

    Ejercicio Etnográfico: Consumo de la cultura latina popular en los EEUU 

    Theorizing U.S. Latina/o Popular Culture.
    Prof. María Elena Cepeda
    Macalester College , Febrero 11, 2004
    Yongho Kim

    Ejercicio Etnográfico #1: Consumo de la cultura latina popular en los Estados Unidos

    Metodología: Mis preguntas podrían categorizarse en tres: Las dos primeras tenían el fin de aprender más de cerca la vida diaria de los entrevistados y su relación con la cultura popular (con énfasis en “tiempo libre”.); dos preguntas cuestionando el concepto de latinidad como unidad conceptual y una pregunta general, solicitando una opinión general sobre tendencias contemporáneas en el ámbito de la cultura popular. Entrevisté a tres personas en el Mercado Central – Gerardo, Mayo y María – todos empleados de una de las tiendas. Estaban en su jornada de trabajo pero creo que los encontré cuando el tráfico de clientes disminuía un poco (a eso de las 5 p.m.). Después entrevisté a mi colega de trabajo, Jane, en una ONG en Franklin y a una compañera – Maura – en la otra clase de Latino Studies. Las entrevistas se efectuaron con grabadora bajo permiso (a veces no muy explícito) de los entrevistados por 10-20 minutos. Las preguntas que terminé haciendo no siempre coinciden con el formato original, pero llevan más o menos ese ritmo, como podrá observar en el transcript.

    Don Gerardo es de Durango, México. Ve televisión en casa y escucha música en el trabajo o en el carro. En particular, ve Univisión y ENCL (¿es esto un canal o programa?) y escucha radio Rey. Recibe los canales vía disc. Escucha preferentemente bandas y corridos, como el Gutillo Rivera, Miguel Peña, Vicente Fernández, Tigres, que toquen música ranchera, y no otro. La música ranchera, según Don Gerardo, se distingue porque en la portada del CD dice que es ranchera. Cuando le dije que quería hacer preguntas sobre música latina, afirmó que música ranchera es a la vez latina. Dijo que los cantantes mexicanos y de Latinoamérica son todos latinos. Dijo haber visto un incremento de música latina en el mercado, y que eso es bueno para los artistas y para el mercado hispano.

    Don Mayo es de Durango, México. De vez en cuando sale a los moles hispanos o americanos con su familia o ve televisión mientras descanso o hace trabajos de casa. El domingo, vio los premios de la Furia Musical, en la que salieron premiados Vicente Fernández, la banda del Recodo, John Sebastián, a quienes ya conocía. Le gusta más la música de banda norteña, que necesita varios instrumentos. Dijo que la música de acá está en inglés y no le gusta porque no es de su tierra. Una tendencia en el mercado es que los grupos de Durango están sonando muy fuerte y han estado primeros en los billboards. La música de Durango comparten un estilo – en que se toca el tomborón, órgano, batería, saxofón y batería-, nacieron en Chicago con el grupo Montés de Durango por gente que era de Durango, y ahora hay varios grupos como Montevideo Durango, Patrulla 81, los Alacranes Musicales de Durango y los Imperiales de Durango. Todos llevan el nombre “de Durango” para identificarse. Tenía posters de los Imperiales, quienes tendrán un concierto. Estos días la música duranguense, el pasito duranguense, está volviendo a México.

    Ms. María es de Guajaca, México. No escucha música en el trabajo, pero los miércoles cuando está en casa, música latina, como Chayanne, Enrique Iglesias, música que es bailable, como merengue, cumbia, bachata. También escucha música en inglés como 50 cents, San Pol, y Eminem. La música latina es la que se cantan en español pero también debe ser por gente de méxico. De vez en cuando compra CD’s en el segundo piso. Con respecto a televisión, ve el canal TeveAzteca, #527 en la Dish Network, con programas como novelas, programas en que cuentan chistes, o casos de la vida real como por ejemplo “Lo que callamos las mujeres”. Dice que hoy en día los americanos compran y escuchan más la música latina, lo cual es bueno porque se está compartiendo mutuamente la música.

    Jane Doe es de Ohio. Ella no escucha mucha música en general, pero hoy había sintonizado el NPR y no había música en la programación, salvo comerciales. Últimamente ha visto películas en DVD, como Finding Nemo y Legally Blonde 2. Entonces le pregunté si podría pensar en cosas que hacía que pudiera reconocer como explícitamente latinas. Dijo que en el verano iba a fiestas de baile donde habían designated nights for latino en los bares, dance club y discos, y que también se mezclaba música latina en combinaciones estándar. Se sabe que son designated porque como tal se promocionan en los anuncios. La diferencia entre una designated y una non-designated sería que hay más latinos en una, y que por ende resultan en mejores bailes. Bailar mejor, dice ella, es moverse más y get into the music. Dijo que no ha visto una tendencia a que la música latina haya aumentado su influencia en el mercado.

    Maura es estudiante de Macalester, female, tiene 20 años, es white y está en segundo año. No tiene tanto tiempo libre, porque se dedica mucho a correr, pero de vez en cuando trata de ver cosas en la televisión o escuchar música que sea fácil, para despejarse un poco de las tareas. Por eso tiende a escuchar sound tracks, lo cual es música de fondo para videos de Disney – para poder cantarlo. También escucha Ani DiFranco, que es más algo estereotípico en los estudiantes universitarios. Dado que Ana escucha mucha música en español o que “se sienten latinos”, ella llega a escucharlos también, aunque no los conoce por el nombre. Dijo que en general no ve una tendencia en que lo latino esté aumentando en Estados Unidos, o al menos en Minnesota.

    Observaciones: pude ver que entre los más adultos, se escuchaba la música por ser del lugar de donde provenía uno, mientras que los más jóvenes escuchaban música por su practicalidad. También se daba que la palabra latinos era más familiar a los jóvenes. (O quizás las implicancias del término hispano les era más aparente, o quizás eran los vínculos comerciales que uno establece con la edad). Cuando les expliqué que esto era para una clase de Cultura Popular, todos excepto María y Maura sintieron que no conocían tanto de la “cultura” popular, pero con la entrevista resultaron ser excelentes informantes. No observé tanto el otherness del que habla Storey – ciertamente a todos les era claro de qué estabamos hablando cuando hablamos de televisión y radio. Lo interesante es que no tenemos un sentimiento de que esto sea una cultura “baja” (Storey 8) mientras hablamos de la radio y televisión, pero cuando decimos en general “Cultura Popular” la sensación era (al menos para mí) de alienación. Por otro lado, existía un fuerte sentido de oposiciones binarias como apunta Freccero, pero este concepción de anglo/latino (usé la palabra anglo, o “los de acá” para referenciar a la mayoría white de EEUU) fue en parte inducido por mis propias preguntas que buscaban una distinción del latino (implícitamente en contraste con el anglo)

    Preguntas Iniciales:
    1. ¿Qué haces en tu tiempo libre? Y si miras televisión, ¿qué canales o programas ves?
    2. ¿Escuchas música mientras estudias/trabajas? ¿Qué escuchas?
    3. ¿Qué aspectos de lo que haces en forma diaria lo consideras “latino”?
    4. ¿Hay elementos en tu vida diaria que son más latinos o menos latinos? ¿Cómo son así?
    5. ¿Cuál es tu perspectiva sobre los cambios que está experimentando la cultura popular en Estados Unidos, y cuál es tu opinión al respecto?

     
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