La Guerra de Arauco

La Guerra de Arauco

asignatura: historia y geografía
profesor: Juan Salinas
curso: 3¨£M C
fecha de entrega: 09/11/99
alumno: Yongho Kim

Introducción

La guerra de Arauco significó un factor de importancia capital en la historia colonial de Chile. Surgieron a raíz de él, numerosos planes políticos y militares, algunos de uso efectivo y otros fracasados. El progreso económico y la pobreza general de Chile, elementos obviamente contrapuestos, nacieron como resultado de esta pugna de los dos poderes; uno por defender su tierra, y el otro por asegurar la estabilidad de sus nuevos habitantes. ¿Qué inhumanos móviles motivaron la cruenta matanza? ¿Qué clase de diversas variables políticas, religiosas, militares y étnicas imposibilitaron el uno y otro bando de obtener la ansiada victoria final? Pero vayamos por partes, que nuestro trabajo consiste en explicar este fenómeno de manera inteligible y en orden.

Causas

Las principales causales del enfrentamiento armado resultaron ser las mejores armas del inicial motivo del expansionismo español. Los conquistadores forzaban a los indios a transformarse al cristianismo y les obligaban a pagar tributo al rey, con la consecuente enemistad entre los indígenas. La inicial brutalidad del trabajo evangelizador endureció la postura de los indígenas para con posteriores intentos de conversión, guiados por intenciones mucho mejores y accionados por métodos suaves y persuasivos.

Uno de los mayores móviles a lo largo de toda la guerra para los comerciantes fue el tráfico de esclavos. El sistema de la encomienda era en su parte teórica respaldada por la situación especial que fue la guerra, además del hecho de que la guerra en sí reportaba prisioneros.

Desarrollo del conflicto

Fase inicial, la guerra activa (1553-1612)

Tras la muerte de Valdivia, el plan español siguió, en general, las mismas líneas trazadas por el fundador de la colonia. Se persiguió duramente a los indígenas, quemando sus casa y campos, robando lo útil, como provisiones y armas. Se instalaron, además, fuertes y ciudades en lo profundo del territorio mapuche, pensando así dispersar y debilitar la influencia mapuche a lo largo de la zona. Las campañas del General Pedro de Villagra y García Hurtado se destacan de esta inicial estrategia expansionista española.

Por otro lado, justificaciones y acusaciones a nivel teórico abundaban entre los letrados y religiosos del Perú y la misma España. Sus posturas, ya sean jurídicas, religiosas, o una combinación de ambas, se publicaban bajo la clasificación de pareceres, que consistían en informes que, basándose en hechos ocurridos en el campo de batalla y bases morales-religiosas católicas españolas, para emitir conclusiones en pro o contra del entonces actual sistema. La diversidad de opiniones en relación a las tres problemas existentes (legitimidad de la guerra, de la encomienda, y de la esclavización de los prisioneros de guerra) creó una confusión tal, que después de muchos fluctuaciones de una postura a otra, los militares terminaron por regirse por los factores puramente estratégicos y de peso político militar.

Mientras tanto, las represiones continuaban con altibajos en ambos lados, pero con una tendencia general en que desde Villagra hasta Bravo de Saravia (1568) consistió en el fuerte contraataque español saliendo de la contracción debido a la aplastante inferioridad numérica del comienzo; luego habría una época de hegemonía española entre los años 1575 y 1590.

Nos detendremos brevemente para analizar las causas del término de ésta época, cuya importancia radica en que fue un patrón común al resto de los decaimientos del predominio español. Los principales serían:

  • el acostumbramiento de los indígenas a las nuevas armas españolas (caballo, cañones, escopetas) e incluso la creación de adecuados contraestrategias a estas armas.
  • la aparición periódica de líderes indígenas provistos de carisma y genio militar, como fueron Lautaro, Caupolicán, o Alejo (éste durante la tercera fase)
  • la gradual adaptación de los refuerzos españoles hacia la actividad colonizadora, perdiéndose así el potencial bélico basado en el número.

De este modo ambos lados continuarían en su pugnas, uno por defender su terriotorio, y el otro por obtener control y beneficio económico sobre la tierra. Las manifestaciones bélicas no terminarían hasta el inicio de una nueva política española.

Fase defensiva, la guerra pasiva (-1625)

La nueva estrategia, reclamada desde hacía tiempo por pacificadores, principalmente por religiosos conscientes de los daños inhumanos causados por los guerreros y los móviles de los mercaderes codiciosos, fue dada forma concreta finalmente por el jesuita Luis de Valdivia.

Él había trabajado en Chile en actividades misioneras durante diez años, luego volvió a Perú y comenzó a promover una campaña pacifista con respecto a la guerra de Arauco. Anteriormente ya había probado un intento fallido de política pacificadora (1605-16010), lo cual no había aminorado su fervor pacifista. Su postura fue ampliamente aceptada entre intelectuales y religiosos locales, y el nombramiento de Alonso de Ribera, en igualdad de postura con Luis, aceleró la pauta neutralizadora.

La propuesta de Luis de Valdivia resultó ser inesperadamente eficiente. Probablemente agotados de duras campañas defensivas y agresivas, los líderes mapuches recibieron con benevolencia a los mensajeros e ideas de Luis de Valdivia, quien también vió con satisfacción cómo muchos indígenas eran predicados y bautizados.

Lamentablemente, tal estado de las cosas no duró mucho tiempo. Un pequeño suceso, a manos de un español que robó tres esposas de un cacique, despertó la ira de toda la comunidad mapuche. El malentendido fue rápidamente excusado, pero Luis de Valdivia pasó difíciles momentos reafirmando su postura frente a la opinión bélica, reavivada por los acontecimientos ocurridos. Años más tarde, al subir al trono el nuevo rey, Felipe IV, la política tomó un nuevo giro y la guerra se desató otra vez.

Fase activa, período intermedio entre las dos paces. (-1639)

Este período fue simplemente una época más de interrupción de la paz, diferenciado por ser más larga que las otras, y por otro decreto de gran significado simbólico: la restauración de la esclavidad.

En las campañas no se observaron mayores elementos novedosos, se mantuvieron durante todo el proceso los típicos avances y retrocesos por parte de ambos contendientes.

Fase diplomática, los parlamentos (-1655)

El nuevo gobernador de Chile, Marqués de Baides (1639), inició una nueva política de pacificación basada en las reglas araucanas, llamadas parlamentos. Éstas consistían en una reunión de tipo social entre la clase gobernante de ambos lados, en algún lugar neutral (aunque de todos modos todo el ambiente quedaba más bajo la influencia mapuche que española). Los acuerdos de paz, fácilmente obtenidos por la generosa cesión de los españoles, eran celebrados con abundante bebida y largas fiestas.

Este nuevo giro de la guerra indica ya que los españoles reconocían irracional continuar una guerra que no les aportaban mayores beneficios, como pronto se darían cuenta también los mapuches. Los intercambios comerciales con los indígenas, mientras tanto, aumentaba.

Fase de mantención, la guerra permanente (-1750)

Nuevamente, motivados por torpezas de parte de españoles colonos, los mapuches se rebelaron en masas. Aunque la tenacidad de los guerreros indígenas ya no tenía la fiereza de antes, el sur, ya habituado a la paz, se vio seriamente amenzada.

Una vez controlado todo el movimiento, se sucedieron períodos alternados de paz y guerra. Pero la gravedad de la situación fue escasa, y la frecuencia con que los mapuches se levantaban en masa fue decayendo con el pasar del tiempo. El enfrentamiento se hizo nivelado y ligero; a esto podemos atribuir las siguientes posibles causas:

  • la postura española, que estabilizó técnica y financieramente el ejército permanente, creando así una balanceada línea de defensa, que los mapuches, una vez comprendido el alcance de sus fuerzas, no se atrevieron a irrumpir.
  • el decaimiento de la moral del pueblo mapuche, que comenzaba a hundirse en el vicio del alcoholismo, resultado de la intensa actividad comercial española-mapuche.
  • la gradual pérdida de su identidad como pueblo, al iniciarse el predominio de la población mestiza.
  • la abolición de la esclavitud, decretada nuevamente en 1674, que eliminaba los intereses comerciales involucrados en el encuentro.

A juzgar por las actividades militares de los mapuches durante el resto de la colonia, es posible afirmar que la región prácticamente quedó pacificada, aunque no se haya firmado una paz oficial. Dicha paz llegó a firmarse tras la emancipación de Chile, en 1882.

La paz: acciones de la nueva república (1832-1882)

Los esfuerzos de la república chilena para incorporar este indómito territorio comenzaron con Prieto, en 1832, año en que exterminó un grupo de bandoleros junto a indígenas colaboracionistas. Pero el mayor logro del proceso se atribuye a Cornelio Saavedra, nombrado intendente de la Araucanía en 1857. Su plan era simple: retroceder los indígenas hasta que ellos mismos lo considerasen intolerable, luego firmar acuerdos con ellos a fin de permitir el paso de numerosos colonos a la zona, a fin de hacer a los indígenas sentirse chilenos a fuerza del empuje de número.

El plan se desarrolló lentamente y sin mayores contratiempos; hacia 1871 se habían fundado numerosos fuertes siguiendo el río Malleco, y se daba inicio a la colonización parcial de la región, compuesta por extranjeros y nacionales. El proceso expansionista continuó por el lado cordillerano, culminando en 1882 con la ocupación de Villarica y la pronta convocación y pactación de los caciques.

Repercusiones políticas y económicas

La guerra, como casi todos los sucesos, trajo sus consecuencias positivas y negativas. En este caso, las consecuencias negativas coincidieron con las que trae toda guerra a largo plazo: el deterioro económico.

Una situación que se repetiría durante las trincheras de la I guerra mundial, aunque entonces el sistema defensivo ya se había perfeccionado y los movimientos de frente no eran grandes. El patrón típico era: el ataque sorpresivo de un lado, el contraataque del otro bando, el rechazo, y así sucesivamente; llamados entonces malocas y malones. A fin de cuentas, la fase activa fue también, considerándose desde un punto de vista general y a largo plazo, una guerra defensiva, tan solo que consistió en un largo período del ataque sorpresivo. Todo este tironeo militar terminó por inutilizar grandes extensiones de tierra altamente productiva, y la matanza no tan solo de soldados, sino campesinos y pobladores urbanos ? toda la mano de obra ? lo cual trajo consigo el empobrecimiento general de los dos bandos.

Esto sin embargo, como ya se mencionó anteriormente, motivó la ayuda financiera del Perú, que desde el gobierno de Alonso de Ribera enviaba periódicamente materiales y dinero en ayuda de la guerra de Arauco. La cantidad suministrada era considerable, y el traspaso de ésta por diferentes niveles intermediarios activó fuertemente la actividad mercantil en las partes involucradas.

Esta facilitación y su consecuente efecto positivo sobre la economía de Chile inclinó la opinión de la mayoría hacia la mantención permanente de la guerra, ya que desde que recibían refuerzos peruanos, la guerra se había tornado un factor benefactor.

Por el otro lado, esta dependencia de financiamiento en una guerra vital para el sutento de la colonia significó también una fuerte influencia del virreinato del perú sobre el gobierno de Chile.

Bibliografía

Historia de Chile – Gonzalo Vial Correa
Hitoria de Chile, Tomo I y II – Gonzalo Izquierdo