Categoría: poesía

  • 11.11.98

    Fuese aquello
    repentino destello de laurel,
    claras lunas protegen el horizonte
    sopor cuan disipa inesperado encuentro
    calma, paz, quietud.

    Remolinos de aire, coloreados,
    púrpura, verde, celeste
    seres cuyo ruido por las noches
    suplican, llaman, canturrean
    el más preciado ideal:
    amar…

    Blandas alegrías surgen
    de la cálida superficie
    como el sauce; reflejos
    sobre un lago en tormentas.

    Uno…, dos, tres
    diminutos sacos de agua
    lágrimas de un ángel
    sin cesar golpean
    el reflejo de una sonrisa
    caen…

    Temerosos, el par de pequeños ojos,
    asomándose quietos, sobre el muro infranqueable
    voz incesante llamando
    cuanta alma joven hay
    corre a esconderte
    sin duda, te alcanzarán…

  • 09.11.98 [es ella]

    Si sólo pudiera, si tan sólo me permitiera
    tocar tus manos, ver tus pupilas, oír
    un canto solitario, vibrando la clara mañana
    levantando tormentas de paz, feroz locura
    estrujando las últimas gotas
    una rosa quebrada
    gaviotas que caen
    sólo veo, siento, oigo
    oigo, sí, ¡es ella!

    Sonrisa que se retuerce
    tras un falso afán.
    Se estrella, triza, hasta despedazar su diminuto cuerpo
    en medio del lago silencioso
    no hay palabras hoy
    recuerdos, visiones, sueños
    días que jamás llegarán; sin embargo
    cada vez más cerca, como dos puntos
    cual un loro a su golondrina persigue
    pero nunca alcanza.
    Himnos de cómica majestuosidad
    sonidos y llantos, viento acariciador
    una figura en el vacío
    desaparece, deja tras sí, fugaz silueta
    se asemeja a.. ¡es ella!

    Su imagen llena un espacio cual no termina
    el intentar comprender;
    entreveo; posible no es saber
    si terminare, bien; si no, bien
    no podré, después de todo
    índice que apunta al vacío
    divaga cercanos espacios, extesos y angostos
    estrechas simas entre ambos
    crea más de lo que hay ahora… tiempo
    resalta en la textura de la nada, lo esperado
    con ansias del sediento, se adelanta,
    ¡es el pulgar quien avanza!
    no es…, aún así, puedo sentirlo
    los nervios fundidos, mis sentidos fallan
    ¡es ella!

  • 19.08.97 [suicidio]

    Érase Augusto, otro de
    muchos que divagasen
    asolados caminos.

    De pronto, no creyólo:
    sí, sí lograba entender
    ¡vida insignificante!

    Un grito, del postrer
    estruendo, se expandía
    a lo largo de lejanos
    espacios; como un réquiem
    llevóse consigo, su
    recuerdo de los olvidos.

    [comentario en el 2005: escrito durante la hora de clase de castellano y la profe se preocupó]

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